La introducción de la alimentación complementaria en los niños ha supuesto muchos cambios a lo largo de la historia, tanto en edad de inicio como orden de incorporación de los alimentos.
Las principales organizaciones pediátricas tanto nacionales como internacionales (OMS, IHAN, UNICEF, AEPED, AAP) recomiendan la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses, edad a partir de la cual se introducirán gradualmente los alimentos, manteniendo la lactancia materna hasta los 2 años siempre que sea posible.
En niños alimentados con biberón se recomienda igualmente iniciar la alimentación complementaria a partir de los 6 meses.
Pero… ¿qué debo tener en cuenta a la hora de introducir los alimentos?
Introducir en pequeñas cantidades (varía mucho de unos niños a otros).
Complementar las tomas de leche con nuevos alimentos de una en una. Por ejemplo: primero añadir la merienda, luego comida y merienda… así hasta completar con alimentos todas las comidas.
Separar los alimentos que se introducen nuevos al menos 3 días entre ellos.
Y… ¿en qué orden debo incorporarlos?
Hasta hace pocos años se seguía un patrón de incorporación de alimentación por meses similar al reflejado en la tabla:
Las últimas recomendaciones indican que no hay un orden adecuado en la incorporación de los alimentos, de manera que se pueden introducir en el orden que la familia y el niño consideren más adecuado según sus preferencias y tradiciones, teniendo siempre en cuenta lo siguiente:
Separar los alimentos al menos 3 días, y los diferentes grupos (verduras, pescado…) entre 7 y 10 días.
Introducir pronto alimentos ricos en hierro de alta biodisponibilidad (carne, pescado huevo…), ya que la lactancia es deficitaria en hierro a partir de los 6 meses si no se complementa con otros alimentos.
Incoporar también alimentos ricos en ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga (en especial aquellos que contengan DHA) como es el pescado azul (salmón, atún caballa…).
Introducir el gluten en pequeñas cantidades antes de los 7 meses (se puede incorporar a los 6 meses dejándoles chupar trocitos de pan, colines…).
En conclusión, no hay base científica que sustente las normas rígidas de introducción de los alimentos que se seguían hasta ahora. La incorporación se adaptará a cada familia y cultura teniendo siempre en cuenta esos puntos básicos.
Cabe destacar que a pesar de estas nociones, siempre hay que tener en cuenta las recomendaciones de tu enfermera de pediatría o pediatra, ya que son ellos los que conocen la situación individual de tu hijo y lo que es mejor para él.
Maria Eugenia Milagro Jiménez
Irene Velasco Huici Marta Espartosa Larrayad
Enfermeras especialistas en Pediatría. Miembros de la Asociación de Enfermería Pediátrica de Aragón y Navarra (AEPAN)
Bibliografía
OPS -OMS. Principios de orientación para la alimentación complementaria del niño amamantado. Washington. 2003.
Gil A, Uauy R, Dalmau J; Comité Nutrición AEP. Bases para una alimentación complementaria adecuada de los lactantes y los niños de corta edad. An Pediatr (Barc). 2006;65(5):481-95.
Galiano MJ, Moreno-Villares JM. Nuevas tendencias en la introducción de la alimentación complementaria en lactantes. An Pediatr Contin. 2011;9(1):41-7.
Lasarte Velillas JJ, Hernandez Aguilar MT, Paricio Talayero JM. Controversias del nuevo documento de la ESPGHAN sobre lactancia materna. 2010. http://perlinfad.wordpress.com/
Pallas Alonso CR. Controversias del nuevo documento de la ESPGHAN sobre alimentación complementaria y lactancia materna. 2009 http://perlinfad.wordpress.com/
Con la llegada del buen tiempo se elevan las cifras de niños que acuden a los servicios sanitarios por haber sufrido un accidente. En la etapa infantil, los accidentes son la primera causa de muerte en Europa, por eso es tan importante la prevención de aquellas situaciones que suponen un riesgo potencial. Es indudable que el riesgo de un niño para sufrir uno u otro tipo de accidente va a depender de su edad y su desarrollo psicomotor. Además se observan dos picos de aumento de la incidencia, en los niños de 1 a 3 años y después, durante la adolescencia. Por orden de prevalencia, los accidentes más comunes en la infancia son:
Caídas
Golpes
Cortes
Quemaduras
La vigilancia de los niños más pequeños por parte de los progenitores, no dejarlos en lugares altos sin barandillas (cama o cambiador), tener los productos químicos fuera de su alcance, y poner siempre los cinturones de seguridad en sillas de paseo, tronas y los soportes de seguridad para el vehículo son las principales recomendaciones. En niños más mayores, la enseñanza de la seguridad vial y el ejemplo de sus progenitores es un pilar fundamental para prevenir accidentes, además de tener cuidado con balcones, terrazas, piscinas u animales desconocidos. Procurar que jueguen en lugares seguros, y que se mantengan alejados de la cocina y fuentes de calor también son recomendaciones importantes. Mención especial requieren la prevención de los ahogamientos en esta época del año, suelen ser las piscinas privadas (sin vigilancia) las que registran más tasas de accidentes. Además en los últimos años han saltados a los medios numerosos casos de asfixia del niño por olvido en el vehículo, para lo que ya se han realizado varias campañas de prevención. Es importante que los padres sepan cómo actuar antes un accidente y cómo pedir ayuda. LaSociedad Española de Urgencias Pediátricasrecomienda la siguiente secuencia de actuación:
Proteger: Hay que asegurar la protección del accidentado y del que va a socorrer.
Avisar: Servicios de Emergencia 112 o Servicio de Toxicología 91 562 0420.
Socorrer: Practicar los primeros auxilios al accidentado.
Indudablemente aun poniendo todas las medidas de seguridad posibles, nadie está exento de que su hijo/a sufra un accidente. Cuando esto ocurre, los padres suelen tener un sentimiento de culpabilidad fuerte, es necesario que tengan el apoyo para no culpabilizarse por estas situaciones indeseables.
Irene Velasco Huici Marta Espartosa Larrayad Maria Eugenia Milagro Jiménez
Enfermeras especialistas en Pediatría. Miembros de la Asociación de Enfermería Pediátrica de Aragón y Navarra (AEPAN) @AEPANenfermería
Esparza Olcina M. Grupo PrevInfand/PAPPS Infancia y Adolescencia. Prevención de lesiones infantiles por accidentes. Rev Pediatr Aten Primaria. 2009;11:657-66.
Kendrick D, Barlow J, Hampshire A, Polnay L, Stewart-Brown S. Programas de crianza para la prevención de lesiones no intencionales en la niñez (Revisión Cochrane traducida). En: La Biblioteca Cochrane Plus, 2008 Número 2. Oxford: Update Software Ltd. Disponible en: http://www.update-software.com. (Traducida de The Cochrane Library, 2008 Issue 2. Chichester,UK: John Wiley & Sons, Ltd.).
Pastor Rodriguez A., Mingueza Sebastian Y. Estudio sobre accidentes infantiles atendidos en los centros de salud. Fundación Mapfre. Madrid 2010.
Una hemorragia es la salida o derrame de sangre dentro o fuera del organismo como consecuencia de la rotura de uno o varios vasos sanguíneos.
Puede llegar a ser causa de emergencia por lo que debe ser controlada, actuando de forma rápida y decidida ya que si es muy abundante puede ocasionar shock e, incluso, la muerte.
Se clasifican en capilar (sólo afecta a los vasos superficiales que irrigan la piel), venosa (fluido firme de sangre roja oscura) y arterial (salida abundante e intermitente de sangre roja brillante).
Actuaremos según el tipo de hemorragia:
Si la hemorragia es externa (sangre que sale al exterior a través de una herida):
Compresión directa: aplicar sobre la herida gasas haciendo presión fuerte. La presión directa se puede sustituir por vendaje cuando pare de sangrar, la superficie sea amplia o haya mas heridos para atender.
Si afecta a extremidades: elevación de la parte lesionada, disminuyendo la presión de la sangre en el lugar de la herida por encima del corazón y, simultáneamente, presión directa sobre la arteria, comprimiendo con la yema de los dedos el vaso contra el hueso subyacente. Esta técnica reduce la irrigación de todo el miembro. En miembros superiores, hacer presión con la palma de la mano sobre la arteria braquial o humeral, y en miembros inferiores, con el talón de la mano, efectuar presión en la ingle, sobre la arteria femoral.
Si la hemorragia es interna (la sangre no fluye al exterior y se acumula debajo de la piel o en una cavidad orgánica):
Capilar: causada por traumatismos, se suelen formar hematomas. Basta aplicar frío local sobre la piel (protegiéndola con un paño o gasa), ya que el frío contrae los vasos sanguíneos y reduce el hematoma.
Venosa o arterial: causada por fuerte golpes abdominales, caídas en vacío, accidentes de tráfico, etc. Podemos pensar en este tipo de hemorragias si nos encontramos con un abdomen sensible o rígido, sensación de mareo o desvanecimiento, palidez extrema, pulso débil o imperceptible, hematomas, sangre en vómito, sangre por recto o vagina.
Las hemorragias venosas o arteriales pueden complicarse y provocar un shock hipovolémico.
Ante esto, ¿qué podemos hacer?:
Vigilar para detectar signos de colapso como palidez, sed, ansiedad, frío, taquicardia.
Tumbar al individuo horizontalmente (colocar la cabeza mas baja que los pies, siempre que las lesiones lo permitan), abrigarlo y tranquilizarlo.
Controlar los signos vitales (pulso, respiración, tensión arterial).
Traslado a un centro sanitario, tan pronto como sea posible.
Torniquete : Este método se utilizará SÓLO en caso de que los demás no sean eficaces y la hemorragia persista o bien cuando exista mas de un accidentado en situación de emergencia o el auxiliador se encuentre solo. El torniquete produce la detención de TODA la circulación sanguínea en la extremidad, por lo que conlleva la falta de oxigenación de los tejidos y la muerte tisular, formándose toxinas por necrosis y trombos por acumulación plaquetaria.
Cuando las hemorragias son exteriorizadas (internas que salen al exterior a través de un orificio):
Otorragia (hemorragia en el oído): es la única en la que no hay que intentar detener, puesto que si no dejamos que salga sangre, ésta se acumula en el interior del cráneo, pudiendo ocasionar graves lesiones al afectado. Hay que tumbar a la persona del lado que se produce la hemorragia, colocando una gasa para que empape y trasladarlo lo más rápido posible a un hospital.
Epistaxis (sangrado nasal): colocar a la persona sentada, con la cabeza inclinada hacia delante y tranquilizarle. Comprimir con dos dedos las fosas nasales durante un par de minutos y levantar la compresión para ver si ha cesado. El afectado no deberá respirar con fuerzas para evitar que la hemorragia se reanude. En caso de que al levantar la compresión, la hemorragia no haya cesado, será necesario volver al paso anterior y comprimir durante otros nuevos cinco minutos repitiendo la anterior operación. Cuando la hemorragia es importante y no cesa con la compresión, se hace uso de un taponamiento empleando una gasa enrollada y mojada en vaselina o agua oxigenada. A continuación deberá trasladarse al afectado a un centro sanitario.
Hemoptisis(proveniente de bronquios o pulmones): producida por golpes de tos. Colocar al paciente semisentado, poner hielo en el tórax, conservar la materia expulsada y acudir a centro sanitario.
Hematemesis: La sangre proviene de vías digestivas, saliendo por la boca, colocar al afectado en decúbito supino, hielo en el abdomen y dirigirse a centro sanitario.
Rectorragias (hemorragias en el ano): sangre de color rojo intenso, aplicar apósito absorbente. Si el sangrado es abundante, acudir a centro sanitario. Melenas (heces color negro, maloliente): traslado urgente al hospital.
Hemorragias vaginales: si el sangrado es abundante, consultar con profesional sanitario.
Hematuria(sangre en la orina): acudir a centro sanitario.
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