Los atragantamientos son una causa común de accidentes infantiles, sobre todo en niños menores de 5 años. Pueden producirse por alimentos como los frutos secos o las gominolas, huesos de pollo, espinas de pescado, monedas, pilas de botón, partes pequeñas de juguetes, canicas, botones…
Suelen ocurrir de forma inesperada, cuando un cuerpo extraño se introduce en la vía respiratoria, obstruyéndola e impidiendo que el aire entre o salga de los pulmones con normalidad. Si la obstrucción es completa o casi completa, existe riesgo de muerte por asfixia.
¿CUÁLES SON LOS SÍNTOMAS MÁS FRECUENTES?
El niño se lleva las manos al cuello, con sensación de ahogo.
Tos o arcadas para intentar liberar el cuerpo extraño.
Imposibilidad de hablar.
Si la obstrucción es grave:
Labios y cara morados.
Pérdida de conocimiento.
¿QUÉ DEBEMOS HACER?
En primer lugar es importante mantener la calma.
Podemos encontrarnos 3 situaciones:
Niño consciente que tose
Niño consciente con tos inefectiva
Niño inconsciente
Si el niño está consciente y tose, debemos animarle a seguir tosiendo, sin hacer nada más: ni golpearle en la espalda ni intentar sacar el cuerpo extraño de la boca si no lo vemos.
Si la tos es débil o inefectiva o el niño tiene mucha dificultad respiratoria, primero debemos llamar al 112, dar 5 golpes en la espalda y 5 compresiones abdominales (maniobra de Heimlich).
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En niños menores de 1 año:
Si vemos el objeto claramente en la boca, lo extraeremos con el dedo en forma de gancho.
En caso contrario, debemos colocar al niño sobre nuestras piernas boca abajo y darle 5 golpes secos en la parte alta de la espalda (entre los omóplatos).
Darle la vuelta y realizar con dos dedos 5 compresiones en el centro del pecho, por debajo de la línea imaginaria que une los pezones.
Repetir hasta que respire bien, expulse el objeto o empeore y pierda el conocimiento.
En niños mayores de 1 año(o adultos):
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Comprobar igualmente la boca y realizar los 5 golpes secos en la espalda.
Realizar 5 compresiones pero esta vez en la boca del estómago:
Colocar el puño de una mano en la zona del estómago (entre ombligo y tórax).
Colocar la otra mano por encima del puño.
Realizar las 5 compresiones fuerte hacia adentro y hacia arriba.
Si el niño está o se queda inconsciente:
Llamar al 112 si no lo hemos hecho anteriormente.
Colocar al niño sobre una superficie dura y comprobar si se ve el cuerpo extraño en la boca. Si se ve, intentar extraerlo con el dedo en forma de gancho.
Abrir la vía aérea colocando una mano en la frente y la otra tirando de la barbilla hacia arriba y abriendo la boca (maniobra frente-mentón).
Comprobar si respira. Si respira ponerle de lado y comprobar que siga respirando hasta que lleguen los servicios de emergencia.
Si no respira, poner la boca sobre la boca del niño, tapando la nariz con la mano que sujeta la frente e insuflar aire, observando si el pecho se mueve. Repetir 5 veces. Si el niño es pequeño pondremos la boca cubriendo la boca y la nariz del niño.
Si no se mueve el pecho, hay que iniciar las maniobras de resucitación cardiopulmonar que en los niños consiste en:
30 compresiones torácicas.
2 insuflaciones boca a boca (o boca-nariz). (En el caso de profesionales sanitarios o personas con entrenamiento en RCP, la secuencia a utilizar en niños sería 15:2)
Comprobar cada 2 minutos si respira. Si es así, parar y comprobar si hay algún cuerpo extraño en la boca.
Repetir este ciclo hasta que llegue el equipo del 112 o hasta que el niño empiece a respirar.
Maria Eugenia Milagro Jiménez
Irene Velasco Huici Marta Espartosa Larrayad
Enfermeras especialistas en Pediatría. Miembros de la Asociación de Enfermería Pediátrica de Aragón y Navarra(AEPAN)
Fuentes
Recomendaciones para la Resucitación 2015 del Consejo Europeo de Resucitación (ERC). Sección 1: Resumen Ejecutivo. Consejo Español de Resucitación Cardiopulmonar.
El patio del colegio es, frecuentemente, un sitio donde nuestros menores sufren golpes, caídas y lesiones de mayor o menor consideración.
Muchas de esas lesiones se producen en la cara (balonazos, choques fortuitos con otro compañero, tropezones y caídas…). En ocasiones, como resultado de dichos golpes, se produce el arrancamiento de un diente.
Lo primero que tenemos que tener en cuenta es que las lesiones en la boca que son lo suficientemente contundentes como para arrancar un diente, también pueden dañar otras estructuras de la boca o la cara: otros dientes, las encías, los labios… por lo que siempre necesitará una inspección y evaluación por un dentista.
Cuando uno de nuestros alumnos/as ha sufrido el arrancamiento de un diente debemos proceder con rapidez, ya que en ocasiones es posible reimplantarlo (volver a colocar el diente en su sitio).
PAUTAS DE ACTUACIÓN
Realizaremos una inspección de la boca y una limpieza suave con suero fisiológico o agua fresca.
Si hay hemorragia aplicaremos una gasa limpia en el alveólo (hueco que ha dejado el diente) y le diremos que la muerda de una forma suave pero constante durante al menos 15 minutos.
Aplicaremos frío local para disminuir la inflamación y como analgesia.
En caso de dientes permanentes:
Localizaremos el diente: si está en la boca para evitar que se lo trague y si está en el suelo para preservarlo.
Evitaremos tocar la raíz del diente y lo meteremos en un frasco con suero fisiológico, leche o la propia saliva del chaval. También se puede dejar debajo de la lengua, si no hay otra opción y no existe riesgo de que el niño o niña se lo trague.
Avisaremos inmediatamente a su familia para que lo lleve al dentista urgentemente. Un diente se puede reimplantar con éxito en las primeras dos horas tras el accidente y especialmente en la primera hora.
En caso de dientes de leche:
Seguiremos las pautas de control de la hemorragia, pero un diente de leche no se reimplanta. El reimplante puede causar problemas en la dentición definitiva.
Avisaremos a la familia. El niño/a que ha sufrido un traumatismo en la boca debe ser siempre evaluado por un dentista lo antes posible.
Es muy importante el correcto tratamiento del diente:
No manipularlo: no tocar la raíz, no cepillarlo, no lavarlo con jabón, antiséptico o alcohol, no secarlo.
No trasportarlo en seco.
No retrasar la visita al dentista.
Paula Larumbe Oroz Enfermera del Centro Público de Educación Especial Andrés Muñoz Garde (Pamplona)
Ana Durana Murillo (@DuranaAna) Enfermera del Centro Público de Educación Especial Torre Monreal (Tudela)
Fuentes
Guía para la prevención de accidentes en centros escolares; Comunidad de Madrid, Consejería de Educación
La introducción de la alimentación complementaria en los niños ha supuesto muchos cambios a lo largo de la historia, tanto en edad de inicio como orden de incorporación de los alimentos.
Las principales organizaciones pediátricas tanto nacionales como internacionales (OMS, IHAN, UNICEF, AEPED, AAP) recomiendan la lactancia materna exclusiva hasta los 6 meses, edad a partir de la cual se introducirán gradualmente los alimentos, manteniendo la lactancia materna hasta los 2 años siempre que sea posible.
En niños alimentados con biberón se recomienda igualmente iniciar la alimentación complementaria a partir de los 6 meses.
Pero… ¿qué debo tener en cuenta a la hora de introducir los alimentos?
Introducir en pequeñas cantidades (varía mucho de unos niños a otros).
Complementar las tomas de leche con nuevos alimentos de una en una. Por ejemplo: primero añadir la merienda, luego comida y merienda… así hasta completar con alimentos todas las comidas.
Separar los alimentos que se introducen nuevos al menos 3 días entre ellos.
Y… ¿en qué orden debo incorporarlos?
Hasta hace pocos años se seguía un patrón de incorporación de alimentación por meses similar al reflejado en la tabla:
Las últimas recomendaciones indican que no hay un orden adecuado en la incorporación de los alimentos, de manera que se pueden introducir en el orden que la familia y el niño consideren más adecuado según sus preferencias y tradiciones, teniendo siempre en cuenta lo siguiente:
Separar los alimentos al menos 3 días, y los diferentes grupos (verduras, pescado…) entre 7 y 10 días.
Introducir pronto alimentos ricos en hierro de alta biodisponibilidad (carne, pescado huevo…), ya que la lactancia es deficitaria en hierro a partir de los 6 meses si no se complementa con otros alimentos.
Incoporar también alimentos ricos en ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga (en especial aquellos que contengan DHA) como es el pescado azul (salmón, atún caballa…).
Introducir el gluten en pequeñas cantidades antes de los 7 meses (se puede incorporar a los 6 meses dejándoles chupar trocitos de pan, colines…).
En conclusión, no hay base científica que sustente las normas rígidas de introducción de los alimentos que se seguían hasta ahora. La incorporación se adaptará a cada familia y cultura teniendo siempre en cuenta esos puntos básicos.
Cabe destacar que a pesar de estas nociones, siempre hay que tener en cuenta las recomendaciones de tu enfermera de pediatría o pediatra, ya que son ellos los que conocen la situación individual de tu hijo y lo que es mejor para él.
Maria Eugenia Milagro Jiménez
Irene Velasco Huici Marta Espartosa Larrayad
Enfermeras especialistas en Pediatría. Miembros de la Asociación de Enfermería Pediátrica de Aragón y Navarra (AEPAN)
Bibliografía
OPS -OMS. Principios de orientación para la alimentación complementaria del niño amamantado. Washington. 2003.
Gil A, Uauy R, Dalmau J; Comité Nutrición AEP. Bases para una alimentación complementaria adecuada de los lactantes y los niños de corta edad. An Pediatr (Barc). 2006;65(5):481-95.
Galiano MJ, Moreno-Villares JM. Nuevas tendencias en la introducción de la alimentación complementaria en lactantes. An Pediatr Contin. 2011;9(1):41-7.
Lasarte Velillas JJ, Hernandez Aguilar MT, Paricio Talayero JM. Controversias del nuevo documento de la ESPGHAN sobre lactancia materna. 2010. http://perlinfad.wordpress.com/
Pallas Alonso CR. Controversias del nuevo documento de la ESPGHAN sobre alimentación complementaria y lactancia materna. 2009 http://perlinfad.wordpress.com/
El autismo es uno de los trastornos que se incluyen dentro de la categoría de Trastornos del Espectro Autista (TEA), caracterizados por ser un conjunto de alteraciones conductuales que afectan al desarrollo infantil. En el niño con autismo se pueden identificar varios signos y síntomas característicos, como dificultades en el lenguaje, la comunicación y la socialización. Además, se observan intereses restringidos y conductas repetitivas. Sin embargo, en trastornos como este, las habilidades y comportamientos varían mucho de un niño a otro, así como la gravedad. En general, son los padres los primeros en detectar que al niño le pasa algo, generalmente en torno a los 13-14 meses de edad. Este tiempo que transcurre entre la detección de un problema y el diagnóstico del TEA suele cursar con mucha angustia e incertidumbre por parte de los progenitores.
Es importante conocer los signos de diagnóstico precoz para iniciar el tratamiento lo antes posible. Algunos de estos signos son los siguientes:
Antes de los 12 meses:
No dirige la mirada a personas.
No muestra interés en juegos interactivos (cucu-tras, toma y daca).
Falta de ansiedad ante los extraños sobre los 9 meses.
Es importante conocer que alguno de estos signos de forma aislada no indican un TEA. Hay que valorar a cada niño de manera integral para poder realizar el diagnóstico. En cambio, resulta necesario comentarlo con los profesionales de Atención Primaria para su valoración.
Respecto al tratamiento, no existe tratamiento curativo pero sí se pueden realizar diferentes técnica e intervenciones personalizadas a para cada niño que mejoran el pronóstico.
El diagnóstico precoz permitirá iniciar cuanto antes el tratamiento de atención temprana, que consiste en un conjunto de técnicas desarrolladas por un equipo de psicólogos, logopedas y fisioterapeutas para mejorar la maduración psicológica del niño en aquellas áreas en las que se observan carencias.
Además de los profesionales sanitarios, existen diferentes asociaciones y grupos de ayuda que pueden ayudar a padres y niños a superar las dificultades que puedan ir surgiendo.
Irene Velasco Huici Marta Espartosa Larrayad Maria Eugenia Milagro Jiménez Enfermeras especialistas en Pediatría. Miembros de la Asociación de Enfermería Pediátrica de Aragón y Navarra (AEPAN) @AEPANenfermería
Bohórquez Ballesteros DM, Alonso Peña JR, Canal Bedia R, Martín Cilleros MV, García Primo P, Guisuraga Fernández Z, et al. Un niño con autismo en la familia. Guía básica para familias que han recibido un diagnóstico de autismo para su hijo o hija. Universidad de Salamanca. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Disponible en: http://www.panaacea.org/files/FILE_B_00000000_1319410739.pdf
La gastroenteritis aguda (GEA) es una de las infecciones más frecuentes en pediatría. Suele ser de inicio brusco y cura por si sola en unos 3 a 5 días. Generalmente cursa con aumento del número de deposiciones (de consistencia blanda o líquida) y vómitos. Además se suele acompañar de otros síntomas como son la fiebre y el dolor abdominal.
¿Qué hacer en casa?
Lo principal de todo es evitar la deshidratación y vigilar el estado general del niño. Para evitar la deshidratación seguiremos algunas pautas:
Utilizar sueros hiposódicos (venta en farmacias) para reponer la pérdida de líquidos. No utilizar refrescos comerciales ni soluciones caseras. Si no hay diarrea, también se puede probar con líquidos azucarados como zumo o agua con azúcar.
Hacerlo a un ritmo lento, de una cucharada cada 5 minutos, aumentando la cantidad si la tolerancia es buena. Si vomita una de las veces, esperar unos 20-30 minutos y comenzar de nuevo.
Una vez que ha pasado un rato sin vomitar el suero, ofrecer en pequeñas cantidades alimentos suaves (yogur natural, jamón york, tortilla francesa, pescado…). Siempre sin forzar y manteniendo el aporte de líquidos. No es necesaria una dieta especial ni el ayuno. Ofrecer lo que resulte apetecible para el niño; es normal que estén más inapetentes.
Si el niño está con lactancia materna, continuar con ella. Aumentar el número de veces que se ofrece el pecho para aportar el líquido que están perdiendo. Si toma leche de fórmula, tanto la proporción de los biberones como el tipo de leche seguirá siendo la misma (30 cc de agua por cacito de leche).
Sobre el estado general
Si tiene fiebre (temperatura > 38ºC axilar o 38,5 ºC rectal) utilizaremos un antitérmico (de primera elección el paracetamol) para mejorar el malestar asociado.
¿Cuándo consultamos con un servicio de urgencias?
Niños menores de 3 meses que vomitan más de 2-3 tomas (importante diferenciar vómitos de regurgitación).
No tolera las soluciones de rehidratación (vomita mucho) o vomita aunque no tome nada.
Vómitos no alimenticios (verdosos, con sangre…).
El niño está muy decaído, con signos de deshidratación (mucha sed, ojos hundidos, lengua seca, orina poco…).
Otra sintomatología asociada como dolor abdominal intenso, dolor de cabeza…que empeore el estado general del niño.
Irene Velasco Huici
Maria Eugenia Milagro Jiménez
Marta Espartosa Larrayad
Enfermeras especialistas en Pediatría. Miembros de la Asociación de Enfermería Pediátrica de Aragón y Navarra (AEPAN)
Bibliografía
San Román Pacheco S, Jiménez Martín A.M., Baquero Artigao F. Gastroenteritis aguda. En: Guerrero Fernández J, Ruiz Dominguez J.A, Menéndez Suso J. J, Barrios Tascón A. Manual de diagnóstico y terapéutica en pediatría. 5ª edición. Madrid: Publimed; 2011. P. 686-692.
Mosqueda R, Rojo P. gastroenteritis aguda. En: Asociación Española de Pediatría y Sociedad Española de Urgencias pediátricas. Protocolos diagnóstico- terapéuticos de Urgencias Pediátricas SEUP- AEP. 2ª edición. Barcelona: Ergon S.A; 2010.p.97-102. Disponible en: https://www.aeped.es/sites/default/files/documentos/gastroenteritis_aguda.pdf
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