29 Mar, 2022 | Destacado, Enfermería Geriátrica
Los síndromes geriátricos son un conjunto de cuadros, signos y síntomas que presentan los pacientes geriátricos especialmente después de los 80 años. Están causados por el deterioro de los órganos y sistemas, y por la respuesta de estos ante enfermedades comunes. Aumentan la vulnerabilidad de la persona y generan, en muchos casos, incapacidad funcional y social, afectando negativamente a la percepción de calidad de vida del paciente geriátrico y de su entorno de cuidados.
Los síndromes geriátricos se interrelacionan entre sí. Una acción puede influir positiva o negativamente en varios síndromes geriátricos y la aparición de uno puede, a su vez, desencadenar otros.
La manifestación de complicaciones puede prevenirse y/o minimizarse si se realiza un diagnóstico correcto, mediante una valoración integral y con un abordaje multidisciplinar, colocando a la persona mayor en el centro para preservar su dignidad y autonomía.
CUATRO GRANDES SÍNDROMES
Aunque han sido definidos una gran variedad de síndromes, existen cuatro denominados grandes síndromes geriátricos:
- Inmovilidad: disminución en la capacidad de movilización, trasferencia y/o desplazamiento debido a problemas físicos, funcionales o psicosociales, en mayor medida de manera involuntaria.
- Inestabilidad/caídas: Precipitación al suelo que conlleva o no pérdida de conciencia. Se produce en mayor medida en ambiente hospitalario.
- Incontinencia: pérdida involuntaria de orina y heces. Genera un problema de salud a nivel físico, económico y social. Las personas con incontinencia a menudo viven su situación con vergüenza y no solicitan ayuda sociosanitaria para su tratamiento.
- Deterioro cognitivo: disminución o pérdida de las capacidades cognitivas de manera ocasional o permanente, en personas que previamente la poseían intacta.
Carmen Urbano Rico
Bruna Pratsobreroca Andreu
Enfermeras Internas Residentes (EIR) de Geriatría. UDM de Geriatría-Hospital Universitario de Navarra
Fuentes
Imagen de Sabine van Erp en Pixabay
10 Nov, 2020 | Destacado, Enfermería
La piel es el órgano más extenso del cuerpo. Entre las funciones más importantes que realiza se encuentra la protección ante el daño de agentes externos.
El paso del tiempo hace que el estado de nuestra piel vaya cambiando, y la función de protección se vaya deteriorando, haciendo más fácil que se produzcan diversas lesiones.
En personas de edad avanzada en las que dicha función de protección se va deteriorando, la humedad producida por incontinencia, tanto urinaria como fecal, es uno de los agentes que facilita la aparición de lesiones cutáneas, entre ellas la llamada dermatitis asociada a la incontinencia (DAI).
¿QUÉ ES?
Son lesiones cutáneas que se producen por una exposición durante largos periodos de tiempo a la humedad y las sustancias irritantes producidas por la orina o las heces, principalmente.
Esta exposición excesiva hace que aparezca un enrojecimiento de la zona, acompañada de una inflamación, y con el tiempo, la aparición de lesiones, si esta no es tratada.
Se suele dar con frecuencia en personas que sufren de incontinencia urinaria y/o fecal, de allí su nombre.
¿DÓNDE APARECE?
- Con mayor frecuencia en la zona de los glúteos, ingles, interglúteo y zona perianal.
- También pueden aparecer en muslos y parte baja de la espalda.
CUIDADOS Y PREVENCIÓN
Las medidas preventivas y los cuidados correctos, aunque sencillos, son de vital importancia para evitar su aparición, y para que la evolución de estas, en caso de ya haber aparecido, sea satisfactoria.
Los objetivos principales a la hora de hacer frente al DAI son: limpieza, hidratación y protección. Para ello debemos:
- Mantener una correcta higiene de la zona. Se puede limpiar esta simplemente con agua y jabón.
- Secar bien la zona. Intentaremos secar con suavidad evitando frotar para no lesionar la piel.
- Mantener la zona hidratada. Para ello podemos aplicar cremas hidratantes con el fin de reforzar la función protectora de la piel.
- Proteger la zona con las llamadas cremas de barrera. Estas lo que hacen es crear una película impermeable o semipermeable que protege la piel del contacto con el agua y las sustancias irritantes que contienen la orina y las heces.
- Cambio frecuente de absorbente, si lo usase.
- Vigilar e inspeccionar las zonas de riesgo con frecuencia.
- Si observase aumento de la zona afectada o empeoramiento, debe acudir a su centro sanitario de referencia.
Estefanía Afang Mapango
Enfermera de Servicio de Urgencias Extrahospitalarias (SUE Pamplona)
Tamalai Munárriz Granado
Leyre Ezcurra Acedo.
Enfermeras del Consejo Sanitario. SUE Pamplona
Fuentes
- García Fernández FP; López Casanova P, Rodríguez Palma M, Segovia Gómez T, Soldevilla Agreda JJ. Cuidados de la piel en pacientes con incontinencia y prevención de lesiones asociadas a la humedad. Grupo Nacional para el Estudio y Asesoramiento en Ulceras por Presión y Heridas Crónicas. 2016. https://gneaupp.info/cuidados-de-la-piel-en-pacientes-con-incontinencia-y-prevencion-de-lesiones-asociadas-a-la-humedad/ (Última consulta 13 agosto 2020)
- García Fernández FR, Ibars Moncasi P, Martínez Cuerva F, Perdomo Pérez E, Rodríguez Palma M, Rueda López J, Soldevilla Agreda JJ, Verdú Soriano J. Incontinencia y Úlceras por presión. Serie de Documentos Técnicos GNEAUPP Nº 10. Madrid. Grupo Nacional para el Estudio y Asesoramiento en Ulceras por Presión y Heridas Crónicas. 2006. https://gneaupp.info/incontinencia-y-ulceras-por-presion/ (Última consulta 13 agosto 2020)
- Zapata Sampedro MA, Castro Varela L, Tejada Caro R. Lesiones por humedad. Revisión de conocimientos. Enfermería Global. 2015; 38:325-334