La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria crónicade la piel que se produce en brotes.
Es muy frecuente en la infancia, pero puede aparecer a cualquier edad, en diferentes localizaciones. Se desencadena por factores genéticos, inmunológicos, ambientales…
Está caracteriza por piel seca y sensible, placas de eccemas y picor intenso que puede alterar el sueño y la calidad de vida de los pacientes y sus familias.
CUIDADOS PREVENTIVOS
Su control precisa un tratamiento adecuado en los brotes y cuidados preventivos continuos:
Usar ropa y calcetines de algodón o hilo. Evitar lana, fibra, prendas muy ajustadas… No abrigarse mucho.
Aclarar bien la ropa. No usar suavizantes.
Calzado de cuero o tela, bien aireado (usar deportivas poco tiempo).
Temperatura de la habitación suave, no calurosa. En invierno, conviene poner humidificadores en radiadores o toallas húmedas…
Retirar objetos que retengan polvo (peluches, alfombras…).
No rascarse. Alternativas: antihistamínicos, cremas, frío, ambiente tranquilo, distracción, abanicar, agua termal, masaje, guantes por la noche, pijama de algodón húmedo…
Uñas cortas y limpias para evitar heridas y sobreinfecciones.
Ducha o baños cortos. No más de una vez al día, con agua tibia, no caliente, y productos adecuados para pieles atópicas (syndet, avena, aceites de baño…) sin detergentes, ni perfumes, ni conservantes. No usar esponjas. Secar sin frotar con toquecitos. Hidratar siempre después.
El cloro de las piscinas (especialmente las cubiertas) irrita la piel atópica. Antes del baño conviene aplicar cremas barrera y al salir, ducharse para eliminar el cloro e hidratarse después.
Van bien la exposición moderada a la luz solar y los baños de agua de mar.
Hidratar todos los días la piel al menos una vez con cremas emolientes: hidratan, aportan grasa y evitan la pérdida de agua, restauran la función barrera de la piel y reducen el picor.
TRATAMIENTOS
En las zonas de eccema, no debe darse hidratantes (escuecen). Se recomienda aplicar tratamiento:
Corticoides tópicos: dosis y tiempo indicado mientras haya lesiones.
Inmuno-moduladores tópicos (Pimecrolimus y Tacrolimus): complemento/alternativa de los corticoides. Menos efectos adversos, se pueden usar de mantenimiento.
Antibiótico si existe sobreinfección.
Antihistaminicos orales si hay picor.
Tratamientos sistémicos en casos severos: fototerapia, inmunosupresores, medicamentos biológicos…
La enfermera ofertará cuidados adaptados a las necesidades de cada paciente
Mº Pilar Hernández Orta Enfermera de Dermatología. Hospital Reina Sofía de Tudela.
Fuentes:
Muñoz Mañas V., Fornes Pujalte B., Lucha Fernández V., Palomar Llatas F., Dermatitis atopica (DA): hidratación y plan de cuidados. Enfermería Dermatológica nº 1 · mayo-junio 2007. Pag 16-23.
Asociación Española de Familiares y Pacientes de Dermatitis Atópica (ADEA). Conocer la Dermatitis Atópica. Principios generales del cuidado de la piel con dermatitis atópica. Adeaweb.org [Sede Web]. 2014. [Consultado el 26/11/2014]. Disponible en:www.adeaweb.org./02sabermas/conocerlada/cuidadopiel/index.htm
La diarrea es una alteración intestinal muy frecuente que consiste en el aumento del número de deposiciones y la disminución de su consistencia (heces blandas o acuosas).
A menudo se acompaña de otros síntomas como malestar general, náuseas, vómitos, dolor abdominal (retortijones), dolor de cabeza y dependiendo de la causa, fiebre.
¿QUÉ PUEDE PRODUCIR DIARREA?
Infecciones víricas, bacterianas o parásitos.
Intoxicaciones alimenticias.
Efectos secundarios de medicamentos.
Diarrea del viajero: causada por el consumo de alimentos o agua contaminada.
La principal causa suele ser de origen infeccioso y en el adulto habitualmente se resuelve sin complicaciones en pocos días.
AUTOCUIDADOS
Lo fundamental para un adecuado manejo de la diarrea es garantizar el suficiente aporte de líquidos para evitar la deshidratación. Con una serie de consejos básicos se puede manejar el proceso desde casa.
Beber abundantes líquidos: beber poco a poco y de forma continua.
La hidratación se debe hacer principalmente con agua y se puede alternar con otros líquidos como suero oral (de farmacia), infusiones (manzanilla, té…), limonada alcalina o caldos de arroz o zanahoria.
Cualquier bebida que preparemos se debe conservar en la nevera y tirarla tras 24 horas.
Dieta suave y astringente: arroz blanco, puré de patata y zanahoria, jamón cocido, pollo y pescado a la plancha o hervido, yogur natural, plátano, manzana asada, membrillo, pan tostado…
Evitar alimentos grasos, alimentos ricos en fibra (frutas, verduras y productos integrales), zumos, leche, alimentos azucarados, café, bebidas alcohólicas y gaseosas.
Pasados unos días puede ser conveniente el consumo de probióticos o lácteos con bífidus para reponer la flora intestinal.
No se deben tomar medicaciones para frenar la diarrea, antibióticos ni otros fármacos específicos sin que lo indique un médico. En caso de malestar o fiebre se puede optar por tomar paracetamol.
Realizar reposo relativo y descanso en domicilio.
Si aparecen vómitos es conveniente esperar y volver a reintroducir líquidos de forma progresiva hasta conseguir tolerarlos. Pasados unos días, reintroducir la dieta habitual.
¿CÓMO SE PUEDE PREVENIR?
Adecuado lavado de manos para evitar el contagio a otras personas. Prestar mayor atención tras ir al baño y antes de manipular alimentos.
Correcto cocinado y conservación de alimentos: evitar lácteos no pasteurizados, cocinar bien carnes, pescados, huevos y mariscos, lavar bien la fruta y la verdura.
Buena manipulación de los alimentos: lavado de manos previo, limpieza de superficies y utensilios de cocina.
Beber agua embotellada cuando se viaja fuera o en lugares donde se desconoce su potabilidad.
Se recomienda cambio de ropa de cama e higiene corporal completa. También es importante ventilar la casa.
¿CUÁNDO ACUDIR AL CENTRO DE SALUD?
Es importante vigilar una serie de signos y síntomas en el domicilio como son:
Fiebre mayor de 38,5ºC.
Deposiciones con moco y/o sangre.
Dolor abdominal intenso.
Empeoramiento repentino del estado general.
Ante la aparición de estos síntomas o si no hay mejoría tras 3 días de dieta y cuidados, debe acudir a consultar con un profesional sanitario.
Laura López Suárez Cristina Areta Cuesta Especialistas en Enfermería Familiar y Comunitaria
¡Ha llegado el verano! Y con él; el buen tiempo, las piscinas, el sol, el mar… Por ello, debemos tener en cuenta ciertas recomendaciones para nuestros pequeños. En este caso nos vamos a centrar en cuidados básicos sobre los siguientes temas.
PROTECCIÓN SOLAR
Los bebés y los niños menores de 3 años son los más vulnerables a los efectos nocivos de las radiaciones. Especialmente aquellos niños de piel blanca, rubios, pelirrojos, pecosos, con lunares numerosos y/ o con antecedentes familiares de cáncer de piel.
Es importante establecer hábitos de fotoprotección tanto en playas, piscinas, montañas, cómo cuando se realizan actividades al aire libre. Es fundamental su uso correcto. Para ello debemos:
Evitar la exposición prolongada o en horas centrales (12 a 16 horas).
Utilizar sombrillas y/o saber dónde hay lugares con sombra.
Utilizar cremas que sean resistentes al agua. Con factor de protección alto; con protección frente a rayos UVA y UVB.
Utilizar ropa que sea de color claro y que cubra parte del cuerpo, gorros, gafas de sol etc.
Las cremas deben aplicarse entre 15 y 30 minutos antes de la exposición. Hay que repetir el proceso cada 2 horas y tras el baño.
Extremar la precaución en las zonas más sensibles o con lunares (utilizar protección total).
Tener en cuenta que en días nublados debemos seguir las mismas recomendaciones. A los niños menores de 6 mesesno se les debe exponer directamente al sol.
SEGURIDAD EN EL AGUA
Chapotear en el agua es algo que les encanta a los niños. Por eso, debemos tener ciertas precauciones para evitar cortes de digestión o accidentes. Los accidentes más frecuentes en el agua son en piscinas privadas y en niños menores de 6 años.
Valorar siempre la presencia de un adulto y no perderlos de vista.
Utilizar flotadores.
Localizar los puestos de primeros auxilios.
Reposar tras la comida evitando actividad física y baños en aguas frías. Hacer la entrada de forma progresiva.
Utilizar gafas de bucear para proteger los ojos y secar los oídos tras el baño.
Utilizar chanclas para evitar hongos, verrugas…
HERIDAS
Los cortes y heridas son especialmente frecuentes en verano. Ante cualquier corte o herida sencilla; estos son los pasos a seguir:
Lo primero que debemos hacer es lavarnos bien las manos con agua y jabón.
Limpiar la herida con jabón y aclarar con un buen chorro de agua.
Secar la herida con gasas estériles dando pequeños toques de dentro hacia fuera. No usar algodón ni productos como polvos o pomadas sin que hayan sido indicados.
No extraer objetos clavados a no ser que sean muy pequeños y visibles.
Presionar la herida con una gasa si sangra.
Aplicar un antiséptico y valorar si precisa tapar o no.
En heridas más profundas, con objetos clavados, que no cede el sangrado o con alto riesgo de infección, acudir al centro sanitario más cercano para su valoración.
CUIDADOS GENERALES EN VERANO
Beber abundantes líquidos (agua) para evitar deshidratación, especialmente cuando hace mucho calor.
Cuidado con las picaduras de insectos. Tener un repelente o una crema para aliviar las picaduras.
Llevar una alimentación equilibrada. Aumentar consumo de fruta y verdura fresca. Controlar helados, chucherías, bollerías, refrescos y zumos de tetra brik.
Tener siempre a mano un botiquín.
Uso correcto de casco, rodilleras y otros dispositivos para evitar accidentes.
BOTIQUÍN
¿Qué incluir en el botiquín infantil de casa?
Un termómetro.
Antiséptico para curar heridas: clorhexidina, povidona yodada, alcohol.
Apósitos adhesivos (tiritas) para tapar heridas pequeñas.
Gasas y esparadrapo para cubrir heridas más grandes.
Suero fisiológico (en bote o ampollas individuales) para la limpieza de la nariz o de los ojos.
Un medicamento analgésico-antipirético para tratar la fiebre y el dolor. Los más utilizados son el paracetamol y el ibuprofeno.
El botiquín también lo utilizaremos para guardar la medicación de uso ocasional que necesitan los niños con alguna enfermedad crónica.
En caso de viajes o periodos de vacaciones fuera de casa es recomendable llevar un botiquín similar, que sea fácil de transportar. No olvidar la medicación habitual que algunos niños puedan tomar diariamente.
En función de las circunstancias del viaje valorar añadir otros productos como:
Protector solar.
Repelente de insectos y algún producto para aliviar sus picaduras.
Solución de rehidratación oral.
Medicación de urgencia para casos especiales; como por ejemplo autoinyector de adrenalina para alergias de riesgo, anticonvulsivantes en niños epilépticos, etc.
Importante también acordarnos de llevar la tarjeta sanitaria de todos los miembros de la familia y una copia del calendario vacunal de los niños actualizada.
Lo siguiente ya es….DISFRUTAR DEL VERANO!
Irene Velasco Huici
Marta Espartosa Larrayad
Maria Eugenia Milagro Jiménez
Enfermeras especialistas en Pediatría.
Miembros de la Asociación de Enfermería Pediátrica de Aragón y Navarra (AEPAN) @AEPANenfermería
Esparza Olcina M. Grupo PrevInfand/PAPPS Infancia y Adolescencia. Prevención de lesiones infantiles por accidentes. Rev Pediatr Aten Primaria. 2009;11:657-66.
Merino Moína, M. Prevención del cáncer de piel y consejo de protección solar. En recomendaciones PrevInfad / PAPPS [en línea]. Actualizado noviembre de 2009. [consultado 03-06-2016]. Disponible en http://www.aepap.org/previnfad/melanoma.htm
En verano el ritmo de vida cambia, el buen tiempo y el calor invitan a realizar diferentes actividades en contacto con la naturaleza y el aire libre.
Para poder disfrutar de nuestras vacaciones es importante tener en cuenta una serie de consejos para prevenir problemas de salud.
ALIMENTACIÓN Y EJERCICIO
Hay que adaptar la alimentación para estar bien hidratados y evitar problemas gastrointestinales:
Realizar comidas ligeras con abundantes frutas y verduras bien lavadas.
Garantizar una correcta hidratación bebiendo agua con frecuencia (2 litros/día) aunque no se tenga sensación de sed, evitando bebidas alcohólicas, azucaradas y gaseosas.
Vigilar la conservación de los alimentos expuestos al calor teniendo especial cuidado cuando los transportamos de excursión o a la playa y con los alimentos más susceptibles como los lácteos, quesos y huevos crudos o poco cocinados. Se requiere una refrigeración adecuada en nevera portátil para evitar crecimiento de bacterias que puedan producir enfermedades.
Realizar actividad física de mayor intensidad durante las horas de menos calor, evitando la franja horaria de 12 a 17 horas.
PROTEGERSE DEL CALOR
Exponerse al sol durante mucho tiempo o mientras realizamos ejercicio intenso puede producir pérdida de agua y sales que provoquen un golpe de calor. Los síntomas que aparecen son: aumento de la temperatura corporal (39°C o más), piel roja, caliente y seca, dolor de cabeza, mareo, náuseas, taquicardia e incluso pérdida de conocimiento que requiere atención sanitaria.
Para prevenir los golpes de calor hay que mantenerse bien hidratado, reducir la actividad física, protegerse del sol en lugares frescos y llevar ropa ligera, holgada y transpirable.
PISCINAS Y BAÑOS
Las zonas de baños son lugares que requieren especial atención:
Utilizar protección solar adecuada al tipo de piel y edad aplicándola al menos 30 minutos antes de la exposición y renovarla cada 2 horas y después de cada baño.
Se recomienda cubrir la cabeza con un sombrero o gorro en exposiciones prolongadas y utilizar gafas de sol homologadas.
Realizar una entrada progresiva al agua, sobre todo tras las comidas o la exposición prolongada al sol para no presentar alteraciones gastrointestinales.
Para prevenir los accidentes en el agua hay que respetar las normas de seguridad en las zonas de baño, comprobar la profundidad del agua antes de zambullirse para evitar traumatismos craneales o lesiones medulares, utilizar dispositivos de flotación para las personas que no saben nadar o mientras se practican deportes acuáticos de riesgo. Vigilar especialmente a los niños durante el baño y evitar bañarse tras ingerir alcohol o por la noche.
PERSONAS MÁS VULNERABLES
Las personas más vulnerables a las altas temperaturas y al efecto del sol que precisan especial cuidado son los niños, ancianos y personas con enfermedades crónicas.
En estos casos las recomendaciones son las mismas que para el resto de la población pero prestando mayor atención para que las cumplan:
Insistir en una adecuada ingesta de líquidos en personas mayores que no sienten sed.
Ofrecer agua a menudo a los niños y a los bebés ponerlos al pecho con más frecuencia.
No dejar a nadie en un vehículo estacionado y cerrado, aunque sea por poco tiempo.
Mantener los medicamentos en un lugar fresco, sin exposición directa al sol para no alterar sus propiedades y comprobar que la medicación que se toma no aumenta la sensibilidad de la piel al sol.
Si un anciano vive solo, pasar a visitarle o llamarle a diario.
Los enfermos crónicos deben consultar al médico ante cambios en su estado de salud.
Cristina Areta Cuesta
Laura López Suárez
Especialistas en Enfermería Familiar y Comunitaria.
El cambio climático es un fenómeno con un gran impacto socio sanitario. La actividad de la radiación ultravioleta se correlaciona con un aumento de la morbilidad y mortalidad asociada a determinadas patologías cancerígenas.
Cuida tu piel hidratándola. El verano es una estación más húmeda que el invierno, según dónde se viva, pero siempre debemos hidratarnos. Seleccionaremos cremas o emulsiones adecuadas a las características de nuestra piel, pues tanto el agua salada como la clorada aumentan la sequedad. Para las personas con piel atópica o muy seca, la hidratación es fundamental.
Protege tu piel del sol.Tras el invierno estamos deseosos de pasar tiempo al aire libre, pero recuerda que en primavera y verano aumenta la radiación UV y no es raro que nos despistemos y suframos quemaduras solares en los primeros días de sol. El uso razonado de los baños de sol debe de ir acompañado de una fotoprotección adecuada.
Clasificación de los fotoprotectores:
a) Físicos. Son minerales que dispersan o reflejan la luz -los rayos ultravioleta y los infrarrojos-, son opacos y evitan su paso a la piel. Podemos encontrar los elaborados a base de arcillas, caolines, óxido de cinc y óxido de titanio.
b) Químicos. Absorben la radiación UV que incide sobre ellos y la transforman en energía no dañina a la piel. Entre estos tenemos salicilato de benzilo y bencil cinomato y mexoryl SX XL.
c) Mixtos. Es el resultante de la mezcla de los dos anteriores. Son más potentes y generalmente se utilizan derivados generalmente del benzotriazol.
d) Biológicos. Actúan como antioxidantes y evitan la formación de radicales libres (son protectores del ADN). Para ello se emplea la vitamina A, C y E. El factor de fotoprotección (FPS) es el índice numérico multiplicado por 10, que nos sugiere el tiempo que podemos permanecer expuestos al sol sin riesgo de quemadura. Cuanto mayor sea el FPS, más alta será la fotoprotección frente al sol (UVB).
Mª del Carmen Martín de Aguilera Moro Enfermera de Dermatología. Hospital Reina Sofía (Tudela) Delegada en Navarra de la Asociación Nacional de Enfermería Dermatológica e Investigación del Deterioro de la Integridad Cutánea (ANEDIDIC)
Federico Palomar LLatas Presidente de la ANEDIDIC.
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